Los periodos de lucidez fueron mis últimas bengalas, sigo habitando un cuerpo desierto; la sequía también lleva máscara, y ésta llora a mares. El espejismo y la cueva, disueltos entre sombras, claman la luz que se extingue a falta de un último suspiro combustible. Los poemas me saben amargos y ya no los tomo a la ligera, caigo por mi propio preso; queridas cadenas, dos puntos (de sutura). El yo opaco se rompió del golpe -de suerte y por desgracia- para que pudiésemos cortarnos las cuerdas con el falso cristal de antigua bohemia. Dejé de ser títere, pero también el instrumento musical; abandonados al recuerdo de todas aquellas manos inquietas suplicando respuesta. El sacrificio fue de pronto una figura geométrica custodiándonos.