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viernes, 17 de abril de 2026

Ahora que ya no es experta tu insana conciencia entrenada,
que tiene las dudas de siempre resueltas en otros mortales,
ya no te complacen las pautas de todas las bestias calladas
que alzaron la voz condenando tu nombre entre todos los males. 

Yo pienso querer sin memoria tu entera bondad, tu grandeza,
que enjuicie quien pueda el reflejo que dejan sus almas podridas,
no voy a dejar a tu suerte salir de esa inmensa pobreza
que dejan en ti porque intentan sedar tu conciencia dormida.


Se dilató con el tiempo la mirada de la infancia, 

recuerdo que en algún cruce me dejé pasar por alto,

me sombreé en parpadeos que parecieron asaltos,

atracos a mano armada, sucesos sin importancia.


Eso dijeron entonces, cuando no pude entenderlo, 

y ahora que tengo recursos, no sé si quiero escucharlo,

si quiero dejar de lado, si quiero pasar de largo, 

quizás tengo el duelo expuesto con tal de no merecerlo. 



Yo no sé guardar silencio en la mirada,
no le puedo dar la forma que precisa,
siempre ataja y se me escurre entre las prisas,
me condena a un eco mudo de pasada.

Se retuerce en los conductos que atraviesan
mis instintos más primarios y vulgares;
de turismo entre mis puntos cardinales,
va dejando un rastro gris entre promesas.

Hipótesis


¿Y cómo declaro que empiezo de nuevo? 

Tal vez con un: "Bueno, si no pasa nada" 

permito la pausa, final, pronunciada:

ya al punto la mano que puse en el fuego.


Cómo un ultimátum, si no siento el verso, 

en vez del poema, te dejo la espada;

y así es como pido, casi a mano alzada, 

trazarle a la parca su impulso perverso. 


No intento que rime, sí intento que encaje, 

que llegue a algún puerto, 

que tenga sentido. 


Quizás no termine cediendo el mensaje, 

mi albor ya está muerto, 

mi instinto dormido.




Re-torcer

A la ecuación demostrada y compleja

con la que algunos ajustan su alma,

vierten los números e invierten palabras,

dejo resueltas mis tablas:

El dolor y la culpa, la misma balanza,

su peso ajustado en la herencia yacente,

¡qué eutéctica mezcla declara venganza!

Que quede en empate mi suerte.

Yo vine mecida por pistas ajenas,

sin búsqueda atroz de evidencias;

trazadas las dudas tropiezo en recuerdos

que nunca dictaron sentencia.

No busques apellido a callejones,

que siempre te susurran "sin salida"

como algo de raíz que te declara

peón pausando un punto de partida.

Bandera y luto

Tengo encharcadas las venas

de la sangre de mis muertos.

Sigue la corriente.

Hay un pálpito en el murmullo de los callejones

que me dibujan por dentro

a mano alzada.

Yo no sé nadar 

en el rojo de tu ausencia 

ni reconocerme en los riachuelos 

de lo poco que de verdad me dejasteis:

plasma y crúor, el torrente que atraviesa

la memoria sumergida.