¿Y cómo declaro que empiezo de nuevo?
Tal vez con un: "Bueno, si no pasa nada"
permito la pausa, final, pronunciada:
ya al punto la mano que puse en el fuego.
Cómo un ultimátum, si no siento el verso,
en vez del poema, te dejo la espada;
y así es como pido, casi a mano alzada,
trazarle a la parca su impulso perverso.
No intento que rime, sí intento que encaje,
que llegue a algún puerto,
que tenga sentido.
Quizás no termine cediendo el mensaje,
mi albor ya está muerto,
mi instinto dormido.
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