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viernes, 29 de mayo de 2020

29 días.

Mi imperio en el minuto de silencio,
la vil pausa longeva acaecía;
no había más que polvo y tiranía,
ni queda más que el verso que sentencio.

Tal vez fuimos exceso, carne y hueso,
mas leves, persistentes e inhumanos.
Será, seremos, fuimos, mas seamos,
sin ansia de acabar saliendo ilesos.

La huella es firma y forma, y en la herida
tan sólo habrá respuestas incompletas
buscando aprobación en la salida.

No espero encontrar metas en la huida,
ya sé que la verdad no se interpreta,
seré mi propio peso y la caída.

sábado, 23 de mayo de 2020

29 minutos


Le dejo a otro el amor a ciencia cierta,
me quedo con lo poco que me ofreces,
con ser un siete y medio entre tus dieces
y no saber si está tu puerta abierta.

Te dejo el beneficio de la duda,
me quedo con tus idas y venidas,
con una más de tantas despedidas
y ni un sólo reencuentro al que no acudas.

Le dejo paso al tiempo que nos queda,
te dejo un hueco al borde de mi sombra,
prometo estar aquí si tú me buscas.

Le dejo la verdad a quien la quiera,
te dejo deshacerme si me nombras,
prometo que tus miedos no me asustan.


domingo, 17 de mayo de 2020

Diciembre sin coartada.

Las guerras de estación de autoservicio
librándose en tu nombre y su impaciencia
librándote del peso y la sentencia,
de culpa por haber perdido el juicio.

Me aterra confesar que soy testigo
de un crimen sin cadáver ni escenario,
culpable de esconderlo en un diario,
de haber hecho una sombra del castigo.

Y no he dejado huella ni más pistas,
quizás porque camino de puntillas
y escondo lo evidente en la mirada.

No habrá una confesión que lo resista,
quien habla de la historia, la mancilla,
dibuja la tristeza a mano alzada.

lunes, 11 de mayo de 2020

La última canción

Le cedo al mando el peso de esta carne,
dejando que me lleve donde quiera
pues no encontré el lugar ni la manera
de no querer llegar, sino quedarme.

Le cedo esta miseria que es mi herencia
de penas, pormenores y entre medias
algún que otro remedio y más comedias
del eco de la voz de una conciencia.

Aplaudo su destreza codiciosa
que apenas le delata en su faena;
le doy mi diez de diez, titiritero;

y al baile de sus manos sigilosas,
sin mucho más poder que estas cadenas,
tan sólo puedo hacerlo prisionero.