Las guerras de estación de autoservicio
librándose en tu nombre y su impaciencia
librándote del peso y la sentencia,
de culpa por haber perdido el juicio.
Me aterra confesar que soy testigo
de un crimen sin cadáver ni escenario,
culpable de esconderlo en un diario,
de haber hecho una sombra del castigo.
Y no he dejado huella ni más pistas,
quizás porque camino de puntillas
y escondo lo evidente en la mirada.
No habrá una confesión que lo resista,
quien habla de la historia, la mancilla,
dibuja la tristeza a mano alzada.
librándose en tu nombre y su impaciencia
librándote del peso y la sentencia,
de culpa por haber perdido el juicio.
Me aterra confesar que soy testigo
de un crimen sin cadáver ni escenario,
culpable de esconderlo en un diario,
de haber hecho una sombra del castigo.
Y no he dejado huella ni más pistas,
quizás porque camino de puntillas
y escondo lo evidente en la mirada.
No habrá una confesión que lo resista,
quien habla de la historia, la mancilla,
dibuja la tristeza a mano alzada.
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