Buscar este blog

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Último silencio, cerramos los ojos.

La delata su vestido de papel bajo la lluvia,
si se escapa vuelve siempre a recorrerme en su penuria,
nunca he visto en mis planetas un destrozo tan inmenso,
si resisto y soy discreta le convierto en otro verso.


Otra vez nosotros.



Que en compañía yo no me conozco, ni me entiendo,
ni me siento, ni me asombro, ni me miro, ni me atiendo,
que ya no me soporto si te engaño con los gestos,
si te hago ver mi parte personal, que la detesto.
Que cada vez que miras yo ya sé que no estás viendo,
que para ti es un duelo en el que siempre voy perdiendo,
que pasas por mi vida y nos creemos, nos mentimos,
con la esperanza vana de formar lo que fingimos.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Estoy hecha.

De emociones ficticias, y de sueños, delirios,
de caminos, de prisas, de olvidados alivios,
de permisos negados, de gemidos en guerra,
del aliento cansado y el dolor que me aterra.

De tu encierro y mi exenta condición programada,
del sendero y tu afrenta, mi latir, mis baladas,
de las manos inquietas que me tocan y atieren,
del callar de mis letras, del gritar que interviene.

De estas noches que queman, pese al "nadie en mi lecho"
del anónimo tema que entre sombras acecho,
del abrazo que agosta, del recuerdo inflamable,
del relieve en tus costas, y extravío incansable.

Naufragio.

Llegué para nombrarte
sobre tu último grito,
pasaste por delante
de mi quinto distrito
y asolaste mis lares,
me volviste de arena,
y acabé en otros bares
suplicando condena.
Llegué para escribirte
sobre el folio que ardía,
pisaste el sueño abierto
que en tu cama tendía
y acabé con tu intento,
me volví tu fracaso,
y ante el cielo mugriento
provocaste el ocaso.

17-

La poesía como el hueco
donde nadie me encontrase,
la traición de aquellas musas,
el contraste de mis fases,
y la noche descendiendo
con mi estado distraído
no me he vuelto todavía
del calor que he transmitido.
Tú esperabas en las camas
donde nunca habías dormido
desnudando toda pena,
siendo el crimen cometido,
despertándome a conciencia
de las vidas que habitabas
y ocupé sin tu permiso
siendo el precio que pagabas.
Cuando dejes de mirarme
volaré bajo tus nubes
siendo el desastre del foco,
la tormenta de los lunes,
y me detendré en tus tiempos
cuestionados por relojes
para hablarles del infierno
que llega al pasar las doce.

diecisiete minutos.

   Te has vuelto el tiempo que tardo en caer inconsciente.
No voy a hablar de la verdad con estos ojos incapaces de mirar a la cara. Hoy van en mi contra las melodías más inocentes. No hay modo, hemos muerto de todo sin haber disparado. No tengo prisa, ni tiempo. Sé que el desamor nunca muere, se ve en mi cuerpo, en mis heridas, se ve en mis manos llenas de sangre y tinta. Llegando a ser más intentos que latidos, esto se ha vuelto inútil.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Sexo para incompletos.

Me desnudo y te dejas caer.

   Ya me he pedido disculpas desde el espejo, desde el principio, que sé que esa mirada no se limpia a base de lágrimas. Me arrancas la piel y pienso en todas aquellas veces que pude ser un caracol y vivir en mi pequeña esquina del jardín. Tengo un cuerpo que no vale nada, tenía. Esta noche no me voy de copas, troncos y raíces, porque no me quedan bosques, porque el otoño es demasiado inmenso para que yo escriba por todas las hojas caídas.

Querido papá.

   Estoy cansada, terriblemente cansada, y tú te estás muriendo en la habitación contigua.
   Si te hablo de mí me dibujo, más años atrás de los que nos quedan, sobre tus rodillas. No hay fotografía que nos sostenga. Discúlpame por haber crecido, sin ti. Me queda el orgullo, en cualquiera de sus estados, y de mis estados de ánimo, de que lo único vivo que quede en mí sea algo tuyo e intocable.
   Ojalá pudiese convertirme en otros tiempos, pero no tengo el valor de acurrucarme y escucharte esos cuentos de niños -que nunca fuimos-. Me he manchado las manos, y he pintado todos los muros que me retienen. Que no me marcho por ti, pero no por tu culpa. A veces me gustaría que no existieses, para no dolerte, para no matarte antes de tiempo en los poemas que habito.
   No puedo devolverte el trato que me ofreciste, lo he derrochado todo en seres que creí incompletos por el mismo. No voy a salvarme, por esto sí que no deseo tu perdón, que bien sabes que ambos estamos hechos de intentos fallidos.
 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Desnuda y qué.

Llego a casa para ver que me he marchado.
Pero sigue la sangre que no lleve conmigo esparcida por el baño, y puedo ver las uñas en mi piel sobre la cama y en las paredes de aquel cuarto que fue mi ataúd. Todavía se escucha el eco de una respiración en mi habitación vacía, y siguen rotos los cuadros de las fotos en las que ya no soy yo. Todavía te recuerdo muerto aunque me toques, aunque me digas cada día que se me sigue escuchando cuando tiemblo, aunque te acerques para ayudarme a morir de frío. Todavía intento hacer el amor y acabo follando, valiéndome de un cuerpo que no me pertenece, con el primero que tire la piedra y no esté libre de pecado. He vuelto a indagar en el espejo, y sigue vacío.

jueves, 4 de diciembre de 2014

No sé dónde encontrarte cuando dejas de escribir.

Me he despertado con la convicción de que era otro cuerpo el que desprendía su calor en el desierto improvisado de mis sábanas, y no he querido voltear la cabeza. Mirar, mirar y no ver nada. Mirar y agonizar en ese territorio imposible, tierra de nadie. Esclava de mis heridas, construyendo pirámides jerárquicas para mis estados de ánimo. Mi disposición, mi posición, mi sueño abierto, desde fuera. Mi refugio en tu piel, que nadie frecuenta. Te marchas y el mundo me encuentra desnuda, te marchas y. Soy un blanco fácil, un símbolo de rendición olvidado. No me deteriores. Destrózame.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Savior.

Pensar que está en mis manos el hacerte poesía,
volverte casi eterno si tú aceptas el reto,
pensar, pensar en vano, ¡no me dejes vacía!,
desnúdame, sé el texto, sé el bolígrafo inquieto.

Pensar que ya exististe en mis poemas pasados
nombrarte hasta en mi calma y en mis gritos nocturnos,
pensar que te perdiste por no haberte buscado,
hacer de ti mis versos, concederte mi turno.

Pensar por si acabamos en intento fallido,
gastarte con palabras, destrozarte en poemas,
pensar, aunque en mi estado terminemos perdidos,
versar con la inconsciencia del que salva su lema.

Pensar sin detenernos, sin cedernos el paso,
gritarte con el roce, que me escuches sin ganas,
pensar tras el silencio concedido al fracaso,
perdernos en la vida y encontrarte en mi cama.