Estoy cansada, terriblemente cansada, y tú te estás muriendo en la habitación contigua.
Si te hablo de mí me dibujo, más años atrás de los que nos quedan, sobre tus rodillas. No hay fotografía que nos sostenga. Discúlpame por haber crecido, sin ti. Me queda el orgullo, en cualquiera de sus estados, y de mis estados de ánimo, de que lo único vivo que quede en mí sea algo tuyo e intocable.
Ojalá pudiese convertirme en otros tiempos, pero no tengo el valor de acurrucarme y escucharte esos cuentos de niños -que nunca fuimos-. Me he manchado las manos, y he pintado todos los muros que me retienen. Que no me marcho por ti, pero no por tu culpa. A veces me gustaría que no existieses, para no dolerte, para no matarte antes de tiempo en los poemas que habito.
No puedo devolverte el trato que me ofreciste, lo he derrochado todo en seres que creí incompletos por el mismo. No voy a salvarme, por esto sí que no deseo tu perdón, que bien sabes que ambos estamos hechos de intentos fallidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario