Me desnudo y te dejas caer.
Ya me he pedido disculpas desde el espejo, desde el principio, que sé que esa mirada no se limpia a base de lágrimas. Me arrancas la piel y pienso en todas aquellas veces que pude ser un caracol y vivir en mi pequeña esquina del jardín. Tengo un cuerpo que no vale nada, tenía. Esta noche no me voy de copas, troncos y raíces, porque no me quedan bosques, porque el otoño es demasiado inmenso para que yo escriba por todas las hojas caídas.
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