Tengo encharcadas las venas
de la sangre de mis muertos.
Sigue la corriente.
Hay un pálpito en el murmullo de los callejones
que me dibujan por dentro
a mano alzada.
Yo no sé nadar
en el rojo de tu ausencia
ni reconocerme en los riachuelos
de lo poco que de verdad me dejasteis:
plasma y crúor, el torrente que atraviesa
la memoria sumergida.
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