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viernes, 21 de marzo de 2014

Phyrsent.

Me dedico el tiempo eterno de silencio,
y te escribo, ya sin ganas, a la tumba,
para hablarte del dolor tras el incendio
y contarte que no fue tuya la culpa.

Te perdono, me perdono, somos libres,
sin espejos, sin cadenas, sin recuerdo,
me mantengo sobre el llanto casi firme,
sobre heridas, sobre balas, sobre muertos.

Pasan meses, vuelve gélido lo incierto,
no te he vuelto a ver los ojos ni dormida,
ya no sueño, me acurruco y sólo tiemblo,
soy la sangre, fiel producto de tu ira.

Aunque quiera no te voy a echar de menos,
ni te haré palabras dulces y engañosas,
bien sabemos, bien sé yo del monstruo austero,
no más versos, se acabaron las estrofas.

jueves, 6 de marzo de 2014

Amanece y no.


Abrazábame padre,
su figura ilusoria,
abrazábame el aire,
me abrazaba la euforia.
Abrazaba y me abraza,
y me abraza y yo sola,
sin tus brazos mi cuerpo,
sin tu cuerpo la aurora.

sábado, 1 de marzo de 2014

Gélido.

Me mostraste el truco de morir sin miedo,
de vivir tranquila con el frío infierno, 
me enseñaste a ser agua calmada y hielo,
 yo aprendí a prenderte. Roce, impacto, viento.

Suplicábame que guardase silencio,
buscaba encontrar de ese modo la calma,
y al igual que nace del amor el tedio,
surgió de tu estado mi capa de escarcha.