Hablar de guerra y paz en porcentaje,
de carga al peso muerto del mercado,
del precio del placer y del pecado
en términos de dolo y de chantaje.
Dejar las viejas glorias bajo tierra,
bajo la piel su hedor a desencanto,
yo sé que mi pasión no es para tanto
si es esta dualidad la que me encierra.
Me quedo contemplando desde fuera
y así es como se crean, por inercia,
las sombras temporales de los días;
perdiéndome el trayecto a la carrera,
pasándole el testigo a la conciencia,
rendida a mi pesar, y a mi poesía.