Yo también puedo quererme de un modo vulgar.
Estoy al otro lado de la cama, y te dibujo, porque no estás. Sobre la mesa has dejado una nota que dice 'te quiero', pero anoche llegaste y no preguntaste por mi, y "no sabías dónde había estado metida todo este tiempo".
Suena el teléfono, una voz cansada me ofrece la nueva tarifa de internet más llamadas, pienso, e inconscientemente pregunto '¿eres tú quien escribió la nota?', al otro lado alguien responde que siente que no me interese la oferta. Quizá es cierto, no me interesa la oferta, porque el clima cambia, y el color del papel donde alguien, distorsionado a juego, deja caer los 'te quiero' de tinta. A veces conservo la despedida, y ahora... Ahora es tarde.
Vuelve a sonar el teléfono, y a mi respuesta no soy reconocida, escucho un '¿quién eres tú?' y me entran ganas de contar dónde he estado metida todo este tiempo, de hablarle de las noches escondida para que nadie me viese desde la oscuridad, de los viajes que no había realizado en mi ausencia.
-Lo siento, he confundido el número. -PI PI PI PI PI PI PI PI PI...-