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jueves, 11 de diciembre de 2014

Desnuda y qué.

Llego a casa para ver que me he marchado.
Pero sigue la sangre que no lleve conmigo esparcida por el baño, y puedo ver las uñas en mi piel sobre la cama y en las paredes de aquel cuarto que fue mi ataúd. Todavía se escucha el eco de una respiración en mi habitación vacía, y siguen rotos los cuadros de las fotos en las que ya no soy yo. Todavía te recuerdo muerto aunque me toques, aunque me digas cada día que se me sigue escuchando cuando tiemblo, aunque te acerques para ayudarme a morir de frío. Todavía intento hacer el amor y acabo follando, valiéndome de un cuerpo que no me pertenece, con el primero que tire la piedra y no esté libre de pecado. He vuelto a indagar en el espejo, y sigue vacío.

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