09.03.2014
Soy la niña tendida en el asfalto, lo confieso, la luz al otro lado del espejo, los besos perdidos por no devolver la mirada, por conservarla como eterno préstamo.
No voy a escribir poesía si no me dices que esta noche huirás con ella donde nadie pueda encontraros, ¿recuerdas cómo nos conocimos?, -'voy a ser nadie en tu vida'-, incluso yo pude llegar a creerlo.
Se nos hace tarde, para volver, supongo. Tropiezo conmigo por el camino, y caigo en tu mar de dudas, ¡negra la noche y el día, siénteme negra, negra y llena, llena de negro!, ¿por qué no me calmas el paisaje?, devuélveme las estrellas para que pueda salvarte, para que pueda guardarte en esto, mi vida, mis líneas finales.
Te he visto llorar, cubrías mis ojos con la nube de los tuyos, negra. ¿Este es el precio? Provocaré la tormenta, ¡que amanezca y todos me vean tendida en el asfalto, detrás del espejo, con sus ciegos ojos!.
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