Vuelves
con el mismo insomnio.
Viernes, parpadeas. Destrozas mi cama con tus pesadillas en milésimas de segundo, me desnudo, pero ni amor ni paz. Las sábanas del suelo pretendieron ser, alguna vez, mi bandera blanca.
Vida, debe ser. El resto, nosotros sin más que dos cuerpos desnudos que son capaces si se hablan de mutua destrucción. Cuerpos celestes, fugaces, pero sin deseo.
Velas, atenuándose en tu voz, permitiendo ver apenas el naufragio. Diminutos nuestros pasados derritiéndose para ser el charco donde navegar o terminar de ahogarnos.
Vocablos inauditos, protegidos por nuestros cuadernos negros en los que ya no habita la luna llena. Si vamos a morir aproxímate un poco más, que yo siempre he querido morir de frío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario