Día 31- Pasas, pesas.
Allá donde me roces
la piel con tus silencios
y lluevan otras voces
sobre nuestros incendios.
Cuando aun siendo ave libre
te mantenga en mis vuelos
y no tema tormentas,
y no tema tus cielos.
Allá donde me encuentres,
distraída, inestable,
existente y sensible,
(re)vuélveme palpable.
Cuando llegue la noche y
nos consuma el vil tedio,
no me niegues tu vuelta
de antihorario promedio.
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