Al bosque en que te escondes
le dejo mis pisadas,
final del testamento
de muertes programadas.
Al viento al que me nombres
en tu última llamada
le cedo el primer baile,
la próxima balada.
Al texto que te sobre,
ya escrito por desgana
le dejo el viejo marco
de todas mis ventanas.
Al muerto, ya conforme,
que he dejado en tu cama,
no tengo más que darle,
se apagaron mis llamas.
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