No esperé que te quedaras
a escuchar segundas partes,
y hoy que tengo un final digno,
me silencio hasta que sangre.
No esperé que lo cuidaras,
ni que cosieras los cables
al tejido más humano
de mis zonas inhumables,
ni a los huecos inhundables
que se asentan en mi carne.
Ahora ya están conectados
los recuerdos inestables
a la infancia desgarrada
con que he vestido a mis padres.
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