Esta noche casi acaricio la luna, tal vez si hubiese estado en el cielo no hubiese sido un intento fallido.
Empaño el cristal, pienso escribir tu nombre, pero me veo al otro lado, reflejada en el retrovisor, pronunciando claramente: BASTA. Tal vez no por herirme, pero escribo tu nombre del revés para que sea legible desde ahí.
Tengo prohibido buscarte
en otros labios
sin resultado alguno.
Tengo prohibido encontrarte
desnudo
en algún pensamiento al azar
y no tocarte los sueños.
Tengo prohibido escribirte
en el vaho
de mí para mí.
Supongo que hay personas que nunca cambiaremos.
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