La encontró allí tirada, según decía por casualidad, pero jamás había buscado nada con tanto empeño. Ella secó sus propias lágrimas sin levantar la cabeza. Por un segundo le entró el pánico de no poder calmarla, entonces escuchó su voz.
Guardamos el pasado en un cofre, como si fuera un tesoro.. del que nunca gozaremos.
Rozó su mano, a propósito y con extrema precaución, no imaginaba que huiría, pero reaccionó al mínimo contacto, huyó dentro de sí misma, donde resonaba el eco de un animal herido.. de amor. Hay quien sólo atiende al silencio para conversar, hay quien sólo conversa en silencio.
Encendió una hoguera, ¿quieres conocerme?, preguntó, sin obtener respuesta.
Se sentó resentido a escribir. Ella esperaba inmóvil mientras le observaba, sabía que aquellas palabras se tornaban más oscuras sobre el papel, que trataban sobre su propia persona, que eran secretos que ni él mismo conocía o se había atrevido a contarse. Es difícil escribir y conocer hasta que punto llega la importancia de lo que se plasma directo del subconsciente.
El tiempo resopló, haciendo acto de presencia, quería que le notasen, agitaba inquieto sus extremidades, provocaba una horrible ansiedad.
Detente, observa, sólo se muere una vez.
Terminó aquellos párrafos, terminó de escribir(se), se alzó, se detuvo frente al fuego, extendió la mano y dejó caer aquel papel. Incinerarse, observar aquel espectáculo macabro sin expresión en el rostro, era otra forma, peculiar y acertada, de suicidio.
Conóceme.
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