Escribo desde mi ciudad de cristal, a punto de romperse.
-Algún día buscaré la manera de olvidarlo todo, no me lo permitas.
Aquellas palabras quebraron el paisaje, no hubo respuesta, porque nadie la esperaba, nos miramos a los ojos, con furia, esperando que fuese la última vez, despidiéndonos con lágrimas mientras me convencía de que no sentía nada, por primera vez me había sentido sola en el vacío de sus ojos. Por primera vez había observado la realidad, la ausencia.
Los primeros días se pintaban todos del mismo color, venía a mi memoria, directa, la época azul de Picasso, pensaba en aquel suicidio y sentía su dolor, un dolor familiar que yo ya había asumido en algún momento, en algún lugar. Esta vez sí era consciente de la estrecha relación espacio-tiempo.
La muerte atravesaba mis pupilas en cada parpadeo, necesitaba su ayuda, me necesitaba, tenía miedo a caer dormida en este mundo frágil, sumergida en mi metamorfosis imprudente que precedía a la inmolación, quería creer esperada.
Podía imaginar su voz, débil, ¿podía?, temía que todo aquello fuese producto mío, porque yo había dejado de ser, con lo que implicaba convertirse en nadie. Aún así lo imaginaba, me susurraba ''bienvenida al futuro'', y nada me remitía más al pasado que el escalofrío producido entonces. Irónica vida, irónica muerte. Nunca podemos estar seguros de si tratamos con una u otra, ni de si existe una u otra.
Carta directa.
Otoño de 2013, un poco más frío, en contra de lo que decían en la televisión. Fuera de todo aquello era otra mañana de noviembre, y seguíamos sin dirigirnos la palabra, por que seguía siendo tan testaruda, por que era mi manera de vivir, nunca mejor utilizada la expresión.
Se hacía tarde, de nuevo demasiado temprano para el resto, se hacía de día otra vez demasiado tarde para ti, para mi.
Tic-tac. Bendita agonía. Me entraban ganas de gritar ''Ven, dolor, abrázame para que sienta algo'', pero todos esperaban el momento de escucharlo. Así jugué durante años a detener el tiempo. El mundo, expectante, buscaba mi deshielo, encerrado en aquel noviembre, mientras yo me refugiaba en un invierno improvisado, compuesto por todas aquellas palabras frías que nunca pronuncié, la página 131 de la vida que nunca tuve.
Sin quererlo, y muy de vez en cuando, me cruzaba con tu imagen. Pensé que ya habrías marchado donde estuviésemos a salvo. Lo cierto es que conocía la manera de evitarte, se escondía entre ''esta es la última vez'' y ''no ha sido suficiente''. No era la mejor manera, ni funcionaba del todo, era un continuo provocar-aliviar dolor, encerrada en aquel bucle. Sólo me complacía el creer que todo tenía un límite. Temía acercarme a tal velocidad a mi autodestrucción, eso suponía no haber logrado deshacerme de ti en esa batalla de las mil muertes, dos mil, si eran bien contadas. Tú.
Propia respuesta.
Nunca quise herirte de este modo, y es extraño explicarte esto, tú me creaste, ¿recuerdas?. El problema es que fui fruto de tu angustia, de un día nublado, de algún doce lejano.
Qué curioso el ser humano, nunca quiere realmente obtener aquello que pide. Ser humano. Seguro que esta bala te atraviesa el pecho. O quizá la hayas evitado limitándote al recuerdo de aquella frase, ''ten cuidado con lo que deseas.. no vaya a ser que se haga realidad''. Sé quien te enseñó todas estas lecciones, grande es aquel opuesto que te salva la vida, mientras se deshace a compás del tiempo. Se hará tarde, y sólo quedará un charco de tu dolor, y sólo yo te quedaré. Yo.
Mecanismo de defensa o autoataque.
Otra vez regresaba a la situación plasmada en todos los días anteriores. Siempre trataba el valor de asumir las consecuencias, sabía lo que suponía mirarme a los ojos, sabía lo que venía después de pararse a pensar, y conocía las repercusiones de afirmar que no se sentía nada. Tal vez jamás aprendería la lección, quizá el placer momentáneo me compensaba como para convertir aquel infierno en un hábito.. tal vez era la base de este juego, el tablero en el que todos nos encontramos.
En ocasiones salía a mi mundo y te buscaba en otros entes, investigaba sus ojos, recorría sus pasos, acariciaba sus tristezas y les hacía sangrar toda la vida que les quedaba. Nada. Nada era similar a perderme en la carencia de tu tiempo. Huí en tu búsqueda y logré descubrir la realidad.. Debía asumir todo lo que se me había dicho, ''a veces creemos en algo y no estamos a la altura de nuestras creencias''.
Partida alternativa.
Acumulé todas las horas invertidas en cuestiones ajenas, aquel día tenía tiempo, relativamente, para caer dormida. Existen los sueños endebles, y las pesadillas inquebrantables, y por encima de ambos, si es que pueden considerarse diferentes, están todos aquellos deseos prohibidos.
Gritabas intentando despertarme, no querías que te viese así, pero no podías alejarme, lo prometimos. Dejé impactar toda la realidad contra tu existencia, no me importaba herirte, que curioso comportamiento, quería destrozarte lo suficiente, hacerte saber que ahí estaba, hacerte comprender que siempre habías estado en mis manos, pero no podía arriesgarme a descubrir que eso no era cierto.
Un despertar de diferencia, cerré los ojos fuerte y al abrirlos me encontraba de rodillas en la habitación prohibida.
¿Puede cometerse dos veces un error tan peculiar?
Este capítulo quizá siempre estuvo programado.
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