Continúo presa en mi infante, en mi instante. Me lloran los garabatos, que buscan algo de estabilidad estructural. Me niego a ceder, a expresar, a sentir. Te he dibujado a rayas negras desorientadas, creo que a veces todavía huyo de noche en busca de tu abrazo, ¿cómo voy a encontrarte si eres tú quien se desliza por mis huellas?.
La blancura del papel futuro no perdona tu escondite, quiere ser cueva para aguardar nuestra proporción ínfima, lo mínimo de lo posible, quiere ser la oscuridad que nos proteja. Impotencia.
Me balanceo mientras seres diminutos gritan que he dejado de ser niña, atravieso su mirada y no veo rastro de un pasado violento, decepciones ni desesperación, estoy condenada a dejar mi puericia a su inocencia, he nacido para ser mayor, pero no levanto dos palmos del suelo, ni entiendo de responsabilidad, ni me he ganado el respeto de esos "menores". He nacido, y para mayor desgracia, soy.
Me abalanzo a la derrota, te encuentro en el polvo en el que me he convertido, me muerdes, como cuando se hacía de noche. ¿Es que ya ha oscurecido la vida?
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