que creo que encajo allá donde caigo.
Vi la huida entre sonetos
deslizando por mis yemas,
el amor de cada punto,
las heridas ya sin penas,
y el agobio del tumulto
comprimiendo mis cadenas,
tuve miedo en cada intento
de un impulso anticondena.
Vi el silencio golpeando
su materia contra el tiempo,
y el camino recorrido
por aquel que iba perdiendo
y acabó estando perdido
por razones que comprendo,
mi sonrisa de antecuarto
provocando el sueño abierto.
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