Un chaleco antibalas de carne y hueso como sacrificio acordado. Una vida dentro de otra vida, como un parásito, como un pacto de protección de dudoso beneficiario, la respuesta a tiempo.
Nacimos de una extensa realidad, de una eternidad no concebida, no improvisada, no existente. Nacimos para ser nosotros, cada cual por su cuenta, habitando con esa sensación que la soledad nos proporciona y nos conduce a la búsqueda de lo que no deseamos. Somos el títere perfecto, siendo degollado por sus propias cuerdas, el suicida al que nadie mira, ni ve.
Hoy no voy a recibir el disparo, rompo el contrato, no ofreceré mi vida por tu inerte cuerpo. Ya no me habitas, no eres la burbuja que creíste, ni el peligro que acecha, ya no eres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario