Yo sé que debo arder en el sin fin de este, mi infierno,
ser de otro material, otro compuesto, otro elemento,
no puede ser posible este color azul por dentro,
tras tanta sangre y tinta en mis profundos pozos negros.
Si hoy miras a mis ojos, investiga este silencio,
destrózame estas penas a mordiscos de entretiempo,
con las escasas lluvias de tus ojos que no entiendo
y esa mirada tibia del dolor en que te encuentro.
Después de trasnochados arañazos de fichero,
te escribo con los dígitos del fondo del letrero,
abrázame si puedes cuando escuches al guerrero
en busca de esta bestia, mi más terco pasajero.
Si tú eres quien planea la jugada en mi tablero,
tienes mi enhorabuena y mi rencor en tu trastero,
con los viejos recuerdos, subconsciente traicionero,
si vuelves a mi angustia, quédate en mi mes de enero.
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