Buscar este blog

jueves, 2 de octubre de 2014

Elliot.

Debería insistirme, en eso de apagar las luces            y dormir.

Pero. A ser sincera conmigo, ya que nadie me acompaña en esta razonable incomprensión, al cerrar los ojos sólo logro potenciar el sonido del cascabel que te conserva, y te veo crecer, delante del espejo que habito, y te siento igual de diminuto entre mis brazos de entonces.
Creía que tú debías existir, para completar las ecuaciones y ser el sentido y el resultado de mi egoísmo. Tu vitalidad me había parecido tantas veces de mi propiedad que a veces observo los movimientos de mi cuerpo desde fuera, de modo que simulan no corresponderme.
Te creo y te deseo, por lo que fuiste, por lo que yo había sido, y no hay lágrima que no encierre el recuerdo de los rasgos y gestos que exagerabas para mí, y no hay lágrima que no caiga encerrando el mismo, sobre mí, para acabar conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario