Volviste para matarme,
temblaste, ese fue tu fallo,
quererme para arriesgarme,
sentir para hacernos daño.
Volvieron las madrugadas
sin nadie que madrugase,
la luna bajo mi almohada
queriendo que la escuchase.
Volvimos a nuestros puestos
sin ser parte de la escena,
llenando de nuestros versos
el canto de las sirenas.
Volvisteis y me arruinasteis
sin compasión, sin clemencia
volvisteis y me buscasteis
creando mi intermitencia.
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