Soy la niña de entonces, con las manos manchadas,
con los versos al aire y la pasión desatada,
con ingenua sonrisa, con el sueño despierto,
con la calma y la prisa discutiendo si acierto.
Soy el timbre callado del hogar que no habito,
las imágenes mudas de nuestro último grito,
soy el viento, el desastre, la versión descartada,
el infante y la cuna que acabó destrozada.
Soy las ganas que quedan de rendirnos por miedo,
el teórico ensayo que nació en nuestros dedos,
ese riesgo entrenado con sabor a derrota,
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