Cerrado está el cuaderno
y preso está el poema,
condenado en su infierno
de tinta y de monemas.
Abiertas las heridas,
las tiendas, los canales,
las piernas, las salidas,
las bocas, las vocales.
Cerrado por reformas
mi cuerpo, mi guarida
de inviernos y de normas,
de gritos y de vida.
Abiertos los cerrojos
al caos, a mi desgracia,
las manos y los ojos
buscando su eficacia.
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