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sábado, 11 de febrero de 2023

Primera declaración.

Perdóname por todo lo incurable.
Por el auxilio de doble carencia, por el castillo de naipes que volví tu cárcel, por las noches en las que te dejé a oscuras. Disculpa por el idioma que te cosí a la mirada, por la voz rota al uso, las letras mudas que te vistieron contra tu voluntad. Te arranqué la desnudez, letra a letra. 
¿Y qué es el arrepentimiento sino una confesión de culpabilidad?

Inhibimos los términos estrictos, los vocablos afilados que delimitaban la comunicación, como un punto de inicio o una sentencia. El lenguaje está disuelto en un plano atemporal hasta que lo forzamos a situarse. Recuerdo algunos discursos sietemesinos, vocablos nacidos antes de tiempo, y su contraste: el luto, lo que murió al borde de los labios temblorosos, el sismo del miedo y su catástrofe. 

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