Las manos manchadas de sangre sin culpa,
la noche cansada a los pies de la cama,
ya a prueba de balas la piel que te oculta
te cose el lenguaje y te corta las alas.
Te guardo el secreto por puro capricho,
lo escondo a la vista, lo oculto, lo muevo.
Lo aparto del resto, de todo lo dicho,
del alma, del peso, del paso del ego.
Y hay algo entre líneas que no deja espacio,
que aprieta, que asfixia, que no se disuelve.
Que empuja, que vibra y se extingue en los labios,
viviendo del cuento, muriendo entre dientes.
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