llenar todo rincón de tus colores,
sonaba bien tu voz al pronunciarlo,
soldando su inocencia en los renglones.
Y ahora que has vivido lo indecible
no puedo hacerle muecas a la suerte.
Le tengo miedo a hablar por no mentirles,
dejándote a las puertas de la muerte.
Buscando un escondite que te asista
me dejo expuesta y pienso sin consuelo
que estoy aquí y quizás no es suficiente.
Con todos los refugios a la vista,
espero que haya un hueco bajo el cielo.
Que vivas y no ser yo quien lo cuente.
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