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lunes, 20 de enero de 2025

Notes.

No eres tan bueno. Y el simple hecho de sospecharlo mastica la parte cartilaginosa de mi alma. Me hace de pronto una presa consciente de mi lugar en la cadena trófica, el trozo de carne y hueso que siempre pude intuir al tacto, pero de ninguna otra manera.


Familiarizarme con tu rostro sería sembrar junto a mi árbol genealógico una planta invasiva, rehacer todas las fronteras y que el mismo territorio fuese ahora una herencia sin acuerdo. Te mueves a mi compás y sólo quiero que la estructura me cubra con sus ángulos compasivos, que te diga que yo nunca estuve a disposición de tus ojos.  


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Ya he sufrido demasiado. Si tú no vas a respetar ese dolor, si no lo vas a mantener intacto, si vas a querer terminar el cuadro con tu pincelada, por supuesto tendrás tu obra de arte: un dolor superior a sí mismo, un concepto de traición y tortura conjugado. Me encontrarás en la esquina inferior derecha del lienzo como ya lo estuve de algunas camas, me presupondrás disuelta en tonos tendentes al negro que confiesan la idea del suicidio para encubrir un asesinato, me evocarás sumisa y sin dueño, falta de todo y, sin embargo, no estaré ya detrás de la composición, no seré yo sino mis restos suplicando orden(es) en un mosaico de puñales que yo puse en vuestras manos. 



Y ojalá te quedes siempre, tal vez sea suficiente. Pero si eso no sucede, yo estaré para el abrazo, deseándote la suerte que fue para mí en su día estar al borde del mundo que dejastes a tu paso. 



¿Por qué somos buenos?

Lo estudié como un dilema moral, permití a cualquiera que se ganó no ser cualquiera desafiarme con su teoría. Hice del bien y del mal todo lo que no hice de una religión, tuve esa fe, esa componente irracional volcada en un propósito superior a toda respuesta, que al final resultó ser más sencilla de lo que podrían haber explicado entre ellos si el discurso no hubiera sido en diferido: lo somos porque un día habrá alguien que se merezca que le ocurran cosas buenas, lo somos para suceder.  



Hace mucho que no marco un número de auxilio, ni pronuncio un nombre al borde del reclamo, pero si ocurre no quiero escuchar cómo el teléfono comunica o vuelve a mí un "no" disfrazado de cualquier otra cosa, incluso de una culpabilidad que he de acariciar y apaciguar. Quiero sentirme a salvo al menos en ese momento, aunque mi dimensión sea otra, aunque deba abrir los ojos y afrontar la realidad, aunque me tenga que convencer de nuevo de seguir adelante y el argumento abarque un dolor borroso. 



Al que no quiso jamás simularse distinto, al que no se soltó a sí mismo al borde de la vida y prefirió ser los restos que nada en absoluto. Al que tiene en sus pupilas adherida la indiferencia y el desprecio; al que nunca estuvo condenado a la voz propia, le dejo las cosas de las que no hablamos los que hablamos de las cosas. 



Un proyecto de vida en común al que se pueda aplicar un método de variables independientes; al final para qué, calculen su valor. La vida me pisa los pies, pero no baila conmigo; así que yo bailo para ella y me deshago mientras ella hace mis maletas.



La ciudad también presume de parásitos, seres sin nombre de equipaje escandaloso y huida discreta. Un niño desorientado se descubre en un cuerpo pasado por agua que cobija otoños de antaño 

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