Mañana volverá a llover
con un poco de suerte
para quienes lo deseen.
Y si satisfacer el deseo provoca
felicidad,
que compense el dolor
la balanza
de esta inestabilidad emocional,
seamos completamente
infelices
para lograr sentirnos bien.
Y es que al final
nos resulta infinitamente más ajeno e inalcanzable
lo más intimo y personal,
quizá por la pretensión obsesiva
de guardarnos
característica de la humanidad
que por desgracia,
(o suerte,)
nos envuelve,
y que resulta
en una indeterminación posicional
precedente a la ausencia.
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