Paseo entre el misterio y las miserias,
deteniéndome en los puntos
por si alguno es el final;
y, a veces, bajo el sol que más calienta
me adormezco y no pregunto,
me arrepiento de llamar.
Será que son las tres de la mañana,
muy temprano para el alba,
ya muy tarde para hablar;
me visto de paisaje y de paisana,
no me cubro las espaldas
ni me marcho a otro lugar.
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