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viernes, 11 de octubre de 2019

Noches a precio de coste.

De pronto atardeció y se tintó el cielo;
cambió su nombre al paso de una aguja,
¡y a veces se confunde, la granuja!
De pronto despertó y se tintó el pelo.

Por querer convencerse del trabajo, 
postrose ante un espejo abandonado
que hablaba de sus ojos en pasado,
llegando a -ningún lado- por atajos.

Y al menos esta historia no suplica,
ni pide ya la cuenta de antemano,
tan sólo es una burla de recuerdo.

Será que queda un poco de esa chica
que trata de asumir que no ha cambiado
dejándose propina entre los verbos.



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