Ya he gozado del silencio que propones,
con su tímida presencia incuestionable,
con su tímida presencia incuestionable,
sin vestirlo de función de x variables
lo he integrado en un sistema de ecuaciones.
Y ahora al margen de un cuaderno de instituto
dejo el cálculo del daño a quien padezca,
condensado en una línea vuelta resta
que escribí con la impaciencia de un minuto
de silencio y de dolor impronunciable,
de un discurso sin lenguaje y sin oyentes,
de altas horas de la lista de pendientes,
de la búsqueda hacia dentro de culpables.
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